"La columnista", Ivo Van Aart (2020)

 

Vi "La columnista" en las postrimerías de 2020. Había empezado a estudiar cine a finales del año préterito, 2019, en el Instituto del cine de Madrid... Sin saber que a la vuelta de la esquina iban a comenzar a suceder cosas realmente locas, como un conato de apocalipsis con confinamientos y todo eso. Aun así, tanto las clases teóricas de análisis cinematográfico, como los rodajes de prácticas, pese a aquel extraño impasse, me hicieron poder valorar esta película de una forma mucho más profunda. 

En otro momento, esta película también me hubiese parecido muy entretenida. Pero no habría podido apreciar los múltiples detalles que hacen de esta cinta no solo un disfrutable pasatiempo, sino una obra cinematográfica muy bien pensada en cada plano. Es menester salir en defensa de este largometraje, puesto que ha tenido una exigua repercusión y ha sido maltratada por la crítica profesional. Además, entre los pocos votos que ostenta en Filmaffinity, casi todos son notas realmente paupérrimas (de media un 5,2 y bajando) Disto completamente de este parecer, y argumentare porqué estamos ante una obra que merece correr mejor suerte.

"LA COLUMNISTA" ¿QUÉ TIPO DE PELÍCULA ES?

El motivo por el que elegí ver aquella noche de 2020 esta cinta es, efectivamente, el cartel. Muy llamativo. No sabía nada más al respecto, a pesar de que Katja Herbers es una de mis actrices favoritas desde la también notable De Storm (2009) donde compartía elenco con otra de las estrellas holandesas de los últimos años, Sylvia Hoeks (En Blade Runner 2049 es la robot malvada, como ya lo fuese su compatriota Rutger Hauer en la Blade Runner propiamente dicha) "La columnista" estaba, eso sí, en una sección siempre interesante para explorar en Movistar Plus: "Cine inédito". Son películas que, tristemente, no han pasado por salas en nuestro país, ya que no vienen bajo el brazo de una gran empresa de USA tipo Disney. Cada vez son más las películas que engrosan este tipo de listas de "directas a plataformas", por desgracia. 



Uno de los fenómenos más interesantes son las pelis de género (alguna realmente es digna de ganar un "Midnight Madness" en cualquier festival que pise) que apuestan por un metraje de apenas 80 minutos. Esa duración de 80 minutos me parece perfecta: en el cine lo más caro precisamente es el tiempo. Ivo van Aart, en este proyecto holandés sin un gran presupuesto y algunos medios semejantes a los de un telefilme alemán de sobremesa, consigue un relato tan vibrante como mucho más inteligente de lo que parece, cargado de humor negro, que engacha y mucho en esa (sin los créditos no llega) hora y veinte minutos.

"LA COLUMNISTA": UNA CINTA SOBRE LOS LÍMITES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y LA DEMAGOGIA


La película empieza así, y no: No es casualidad. La protagonista como tertuliana en un programa de televisión. Pero en lugar de situarnos ya en el plató del programa, como veis se nos presenta desde la perspectiva de la sala de control de realización, con varios planos dentro del plano. Tampoco es algo al azar que de ella podamos ver dos caras, literalmente. Y una más visible que la otra, aunque ambas son aún, en apariencia, iguales. 

Este plano de apertura es realmente interesante, porque presenta tanto a la protagonista como el tema de la película de manera irrebatible. La habilidad narrativa desde el lenguaje audivisual va a mantenerse casi igual de alta durante todo el metraje, y esta dirección se sustenta en un GRAN GUION firmado por Daan Windhorst, y un apoyo constante de arte y vestuario para componer planos realmente elocuentes a poco que el espectador sea un observador ligeramente perspicaz.


Esta es una película sobre los medios de comunicación, sobre el control de dichos medios. Y este arranque lo ha expresado de un modo bastante explícito. Por ello, me da cierta rabia que los críticos analicen esta película como una "película imprecisa sobre redes sociales", o "película con típica vengadora". La cinta ya digo, no gira sobre el mal uso de las redes sociales, aunque estas aparezcan porque, obviamente, son un medio de comunicación. 


ACIERTOS DESDE GUION: CONSTRUCCIÓN DE PERSONAJE



 El "simple" hecho de cómo se ha constituido la protagonista desde guion es de una lógica implacable. En una cinta sobre libertad de expresión, la protagonista es simultaneamente columnista de un periódico, novelista y contertulia de un programa de televisión. En realidad, que sea las tres cosas a la vez no es inverosímil, en España era habitual hace no tanto, como en el caso de una de mis escritoras favoritas: Ángela Vallvey.

También el que sea un personaje femenino me parece un acierto, porque me parece innegable que los insultos hacia una figura pública desgraciadamente son mayores y con un cariz más sesgado si se trata de una mujer. Lo vemos incluso en el cine, cuando algunos energúmenos se quejan de que una actriz protagonice Star Wars. Esa misoginia lamentable, dimensiona al personaje como mucho más kafkiano que si fuese un periodista-escritor-tertuliano hombre, al que le pueden insultar, sí... Pero no de maneras tan poco creativas como "puta" y similares con una fijación tan burda como absurda. Creo que es una decisión que potencia la película, una película cuya base son como ya he dicho la libertad de expresión y los medios de comunicación y la perversión de los mismos; sin ser esta una película que parta de la premisa del sexismo como idea que la vertebre, como puedan ser la fantástica "Promissing young woman" o la reciente "Men".  

NO SOLO REDES SOCIALES


En la conversación en el trabajo con su jefa, el plano es tan locuaz como lo es todo en esta película: su trabajo es, como podéis contemplar, una cárcel.

Como decía con anterioridad, todo empieza en un programa de televisión, con un debate, algo que me recordó a otra película que gozaba de un humor negro tan inteligente como descabellado que dejó fuera a mucha gente por interpretaciones erróneas: Starship troopers, de Paul Verhoeven. Y no es la única escena que tiene reminiscencias de dicha cinta: las manos de los detractores de la protagonista son amputadas, algo que en Starship Troopers acontecía en la brillante escena del recluta preguntón y el superior que le da una ración de aquello de la letra con sangre entra. Verhoeven, por cierto, también es holandés. Y sin duda su obra ha estado bastante presente en esta "La columnista".




En dicho debate, el personaje que interpreta Katja Herbers, la columnista Femke Boot, sirve de burla de su oponente al otro lado del espectro ideológico (una especie de bufón con ciertas semejanzas al Rutte de sus inicios en política, antes de que se vendiese como un moderado) Steven Dood, que no para de hacer chanza simplista y escarnio pueril de los argumentos algo más elaborados de Femke. El público, por supuesto, va con el más populista, que en este caso es el reaccionario rival de Femke. En ese momento, vemos como la protagonista duda, titubea (magnifica la interpretación de Herbers y el acercamiento de la cámara por parte de Ivo van Aart) El aplauso no es para ella, demasiado "aburrida" y que defiende incluso que algunos comentarios de odio en redes se puedan borrar. El aplauso es para él, que hace más ruido y defiende un concepto de la "libertad" un poco raro. Dood, como podéis apreciar en el anterior fotograma, es el reverso tenebroso de la propia columnista, y es mucho más popular.


(SPOILERS IMPORTANTES A PARTIR DE AQUÍ)

Después del debate televisivo, a Femke le cae un chaparrón, va de negro y es de noche. Esto será importante. Al final de la película, Femke Boot va de blanco, está también empapada de un líquido pero que para entonces ya no será agua de lluvia, sino sangre: Es de día. Y recibe el aplauso del público. Un arco de personaje perfecto. 




Entre medias, su jefa le pide que escriba un nuevo libro, en la línea del publicado por su némesis, Dood. Boot es renuente, pero acaba por aceptar. Un detalle no menor: a la propia hija de Femke Boot le gustan los libros de Steven Dood. La hija es un personaje que contrasta con ella: al principio, tiene mucha más fuerza. Mientras Femke se pliega a los designios editoriales de su jefa, la hija muestra una rebeldía absoluta hacia el director de su instituto. Hay una secuencia maravillosa de montaje paralelo en que por una parte, la hija da un discurso sobre la libertad de expresión, culminación de un proyecto en que insulta al rey de Holanda con una pancarta; mientras, su madre ya totalmente transformada, mata al enésimo troll de internet para que ya no escriba más comentarios denigrantes hacia ella misma. Y es que al inicio de la película el personaje encarnado por Femke Boot es mucho más vulnerable, apagado... Pero al final, tras un baño de sangre, rejuvenece como en una ceremonia vampírica. Incluso el bebedizo de los asistentes a la presentación de su libro, es rojo. Toda la película juega muy bien con el color, conjugando arte y vestuario en una mimetización constante entre la protagonista y los elementos que la rodean. La composición de plano es pertinazmente sagaz en lo narrativo. Aunque no sea una película con una fotografía "preciosista", maneja la información que distribuye en cada imagen de una manera sensiblemente notoria.

LA METAMORFOSIS DE FEMKE BOOT


Aunque Femke Boot evidentemente en primer término acude a la policía, la nula empatía del agente solo logra aumentar su crispación sobre los mensajes de odio que sufre.
Conforme Femke escribe el libro, su ambición aumenta, y acaba siendo imparable. Desde la taciturna pesadumbre ante la página en blanco inicial cuando carece de inspiración, ira ganando fuerza artística proporcionalmente a cuánta más justicia reparta de la manera más expeditiva y tajante posible. Y es que "La columnista" es una metáfora sobre el populismo, aunque adoptando tropos y clichés sobre el proceso de creación de un artista (el arte como experiencia "vampirizante": "Arrebato", Iván Zulueta) o del cine de venganza, siempre con una mirada cómica, puesto que no estamos ante un thriller de venganza sino ante la parodia de dicho thriller de venganza. En ese sentido, Katja Herbers combina las dos vertientes: por un lado tiene un carisma como para tomársela muy en serio en cualquier papel; pero también posee una vis cómica importante, en una interpretación que recuerda a la que hace en la serie "Evil".


Uno de los giros interesantes y que termina de detonar la radicalización de Femke Boot, es acostarse con su enconado enemigo, Steven Doot. Vuelve a tener algo vampírico, las manos de él son como garras, vuelven a estar muy bien jugados elementos pequeños como accesorios, pintarle las uñas de negro, etc. Esta película juega ese tipo de recursos de un modo excelente, y en ese aspecto no me negaran que la película es ejemplar para los que no disponemos del presupuesto de una producción de Disney/Marvel. La escena es también un clásico del cine de género low cost, en que el vampiro es connatural a una ineludible pulsión Eros/Thanatos. "Vampyres" de Larraz por ejemplo. En este caso, además el hecho de que la simbiosis de la protagonista con el antogonista se produzca de esta forma me retrotrae a "La sindrome di Stendhal" (1996, DIOS o Dario Argento, como prefieran) en que la protagonista interpretada por Asia Argento recibe la maldad del villano encarnado por Thomas Kretchsmann por transmisión venérea. En aquella cinta del ínclito clan Argento, la protagonista pasa a su vez por una fase de profusión artística pintando pinceladas muy rojas, hasta terminar matando igualmente. 



Esta del tejado es una gran imagen. En la transformación, cabría esperar una etapa gris. En una composición otra vez en sintonía: todo es, basicamente, gris. Y qué mejor manera de reflejar los titubeos y elucubraciones del personaje, que en un díficil equilibrio al borde de una azotea. Es el momento en que Femke, duda. Está muy bien representado, una vez más. Otros detalles como el cartel de Turandot en la habitación de la protagonista o lo aparición recurente de arañas pueden pareceros más obvios, más de garrafón en una historia como esta, pero a mí me gustan. Bueno, Puccini sí... Las arañas son mi peor pesadilla y es ver, ya no digo una tarántula, sino un morgaño y pegar un chillo. Tengo una aracnofobia rampante y espero que no me la curen nunca. Ahora, como recurso poético/alegórico lo compro.



LA FAMA CUESTA, Y VAN A EMPEZAR A PAGARLO

Otra escena llamativa es la del supermercado. Va leyendo las "opiniones" sobre ella en Twitter (cuando todavía no ha matado suficiente peña como para ser cool en una sociedad enferma) y son insultos toscos y primitivos, típicos. Le obsesiona. Llega a un mensaje y de repente, se le cae un tarro de cristal de tomate. Todo ese tomate esparcido en el suelo le resulta sugestivo.


Fijaos de nuevo. Esta es la cocina de uno de los que insultan por internet. Y sí: la caldera, los armarios y demás parecen internet: un fondo blanco y un montón de cosas sin sentido, imágenes, anotaciones y frikadas por encima, de manera compulsiva. El nivel de dirección de arte es ostensible.


Otro plano empeñado en narrar. "La columnista" ataca así. Para sus víctimas era un personaje televisivo que nunca entraría en sus casas. Es brutalmente lógico que Femke esté enmarcada por un televisor en este fotograma.


Este es tremendo. Porque ella encañona al troll definitivo, que a su vez esta siendo "disparado" por un poster de una película de Brian de Palma. El chaval este, por supuesto, palma. Por cierto: Soy un fan de la lámpara de lava. 

Y al final, llega el aplauso. Algunos de los asistentes a la presentación del libro se extrañan, pero rapidamente todos admiran a Femke Boot y achacan la sangre como parte de una performance muy bien enlazada con su novela sobre asesinatos por parte de una novelista a sus odiosos haters. La película siembra así la duda sobre si el surrealismo de lo impune que desempeña su protagonista la labor de castigadora, sin intervención policial eficiente al respecto, no se debe a que es una ensoñación de lo que estaba escribiendo. Esa posibilidad, para muchos espectadores queda abierta. Sin entrar en ello, ved la película y sacad las coclusiones que os plazcan, esta es una de las mejores películas europeas de lo que llevamos de década. Por mí parte, el círculo como ya adelanté anteriormente se cierra de manera espectacular. Pasamos de un público entregado a su rival (que era mucho más duro ante una Femke algo timorata) a un público que encuentra irresistiblemente plausible su versión más sanguinolenta. Un público, en definitiva, que vitupera la moderación y los razonamientos complejos, mientras vitorea la violencia, lo grotesco, el exceso y las soluciones fáciles.



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