"MEN" (Garland, 2022)











Hola amigues. Vengo de ver el viernes en cines "Men", la nueva enajenación mental de Garland. No 
de Judy, que en opinión de un servidor era mucho más simpática, sino del atribulado director, otrora autor de "best-sellers" (La playa) y posterior guionista fetiche del alucinado y algo menos alucinante Danny Boyle. Ambos se conocieron en dicha playa, rollo aquella canción homónima de "La oreja de Van Gogh". Pero no quedaría la cosa ahí, no, en efímero amor tórrido de verano fugaz, sino que la relación llegaría a ser estable y Garland firmaría para Boyle el libreto de la afamada "28 días después". Sí, de la mente de Garland surgió lo de extrapolar el proverbio inglés "no hay un almuerzo gratis" al género de los pobres zombies, más pobres que nunca ante tal "austericidio". Un ejercicio de tacañería british que, si lo psicoanalizamos friamente, precedió al brexit. Toda una declaración de intenciones. Para zombies bien comidos los de Romero, que aquellos nunca pasaron hambre por la caridad hispana del mítico director de "La noche de los muertos vivientes".





Garland siguió subido al redituable tándem con Boyle, que por aquel entonces, más que un tándem en plan bici... Era una máquina de imprimir sterling pounds con la faz de Isabel II. Y ahí estuvieron más fuera de órbita que nunca, valga la expresión, con la plagada de ¿preciosos? planos aberrados, "Sunshine". Garland y Boyle (sospecho que Garland desde guion) pergeñó un final como el de "El planeta de los simios", pero con nieve en vez de arena, y en las antípodas, en Sídney OJO SPOILER en vez de Nueva York. Si lo piensas bien, el final es igual pero inverso en todas los elementos que componen dicho plano, como si lo de las antípodas no fuese una intentona más por parte del binomio Garland/Boyle de neoimperialismo commonwealth, sino una calculada alegoría de algo inasible. Más adelante veremos que a Garland le gusta mucho lo de las referencias a otras películas.





El caso es que Garland dio un paso decisivo para independizarse de Boyle cuando firmó el guion de la segunda adaptación del comic "Dredd". Por lo visto la muy disfrutable adaptación del 95, con S.Stallone y Diane Lane ataviados de Versace, no gustó a los plebeyos que leían los susodichos tebeos (tebeos porque mira, Dredd su dibujante era el aragonés Carlos Ezquerra). Y en 2012 se obró el milagro, cuando Garland adaptó el tebeo del juez Dredd (un claro precursor del comisario Villarejo en su interpretación del sistema judicial) y mucha peña atribuyó el mérito, no al director (¿quién era?), sino al propio Garland. Garland, de repente, era pop. Era como Orson Welles, cuya reputación le precedía y era capaz de "quitar" la autoría a un director tan excelso como Carol Reed y que la sabiduría popular y la leyenda urbana le endosasen la dirección "en la sombra" de "El tercer hombre" al genio de Kenosha (cuyas cenizas reposan en la maravillosa localidad malagueña de Ronda). El logro de Garland, sin embargo, es aún mayor que el de Welles: porque Garland, amigues, es un guionista. Y los guionistas, salvo tal vez un servidor, no somos un gremio que mole. Es decir, no firmamos autógrafos. Lo cual es de agradecer... porque ya escribimos mucho, y esto de no pedirnos esas cosas es, quiero creer, un gesto de buena fe por parte del pueblo soberano. A mí, volviendo a Dredd (2012), solo me gustó Olivia Thirlby.





Llegó su hora. Garland no podía ser más un "pobrecito escribidor", como se autodenominaba Larra antes de poner fin a su carrera de escritor con el suicidio (un suicidio machista, por cierto, tipo de forma de violencia también presente en "Men") sino que Garland debía de ser un director. Dirigió, parece que esta vez sí, a Vikander en Ex Machina. Y posteriormente filmó con un gran reparto (Natalie Portman, Tessa Thompson) una disfrutable, aunque poco original, película de ciencia ficción "lovecraftiana" (un poco El color que vino del espacio exterior) llamada "Aniquilación". Por otra parte, recordaba a esto mismo pero según Tarkovski (STALKER).





Y repasada la carrera del director llegamos a "Men", la película que visioné anteayer en el cine. ¿Por qué la vi? Pues más que por Garland, por otras dos cosas. En primer lugar, soy un gran fan de la películas protagonizadas por una actriz y antagonizadas por malvados villanos mutantes XY. Me encanta "Ángel de venganza" (1980) de Ferrara, me interesa "Repulsión" (del innombrable) o "Smilla misterio en la nieve", del danés Bille Agust, que era mi thriller favorito de niño aunque no sea una peli para niños al uso (empiezan matando a un niño, para qué quieres más señas). Últimamente me han gustado mucho la neozelandesa "Pasajero oculto" o la holandesa "La columnista"; les dedicaré uno de estos aburridos artículos míos, si mi apretada agenda me lo permite... La otra motivación es Buckley: Una actriz que me parece brutal. Con una energía tremenda, carisma y muy versátil. No me ha decepcionado nunca esta intérprete: ni como cantante de country en la entrañable "Wild rose", ni como ensoñador personaje múltiple en la magnífica pesadilla made in Charlie Kaufmann "Estoy pensando en dejarlo". Buckley siempre en mi equipo. 






"Men". La película es... Podría ser mejor. Como acaece tantas veces últimamente ("Last night in Soho") una cinta con una premisa argumental interesante, un guion bien pensado, una fotografía por momentos deliciosa, y una actriz de tronío, se ve lastrada por instantes en que irrumpen unos hórridos efectos digitales, cuya razón de ser no existe ni se ciñe a ninguna motivación de lo que el cine había sido durante más de un siglo. El mejor ejemplo es casi al inicio del metraje, cuando pasamos de escenas con una buena foto a un plano de un campo de dientes de león DIGITAL. De verdad... ¿No podían coger un campo de dientes de león de imágenes de archivo aunque fuera? Con el montón de documentales de la BBC narrados por Attenborough en que habrán salido. Además, que tampoco sería tan difícil ir, y rodar un puto plano de estos vegetales, Garland. Mi mente no pudo quitarse el horrible aspecto CGI de esa flor falsaria, digna de videoconsola PS2, y no de una obra cinematográfica con la noble pretensión de retratar el terror del machismo en todas las formas que esta aberrante discriminación puede adoptar. De la parte "gore", un CGI digno de Sharknado, casi no prefiero entrar ni a hablar. Que aprendan de la artesanía de películas como "Musarañas" (Juanfer Andrés feat. Esteban Roel), que estos sí que saben cortar cabezas y repartir estopa de la buena, cuando es menester y la ocasión lo merece.

 


Después, sí que volvemos a una fotografía preciosa, aunque sobre todo, en la que Garland en el guion técnico ha tomado muchos préstamos de directores tan dispares como Akira Kurosawa, Jorge Grau o Sergio Martino para crear planos. Esto es lo que procederemos a analizar en la "sección de disección gráfica."


Cuidado. Dos películas acechan visualmente en la pesadillesca "Men" de Garland. La reminiscencia más clara, es "El túnel" del egregio cineasta nipón por antonomasia, que Ozu me perdone, Kurosawa. "El túnel" es realmente un corto, perteneciente a una suerte de antología de relatos breves audiovisuales llamada "Los sueños de Akira Kurosawa". "El túnel" coquetea de hecho con la pesadilla, puesto que los códigos del terror predominan en su exiguo, pero poderosamente fuerte en lo visual, metraje. 


"Los sueños de Akira Kurosawa"





"MEN", Garland






En efecto, "El túnel" de Kurosawa y este túnel cargado de simbolismo de "Men" son, prácticamente, la
 misma escena. Que haya tenido que venir yo a decirlo, que soy guionista...


"No profanar el sueño de los muertos", Jorge Grau


Los 70 fueron prolíficos en crear piezas como las que nos ocupa, sobre todo en España e Italia ¿Os creíais que el "terror elevado" era un invento de gafapastas un poco cuñados como Ari Aster? Decid hola a obras como "Todos los colores de la oscuridad" de Martino, "Huellas de pisadas en la luna" de Bazzoni o "El perfume de la mujer de negro" de Barilli. Barriendo para casa, de terrores kafkianos, freudianos y demás sabemos un rato, con nada menos que "La cabina" de Mercero, "La residencia" y "Quién puede matar a un niño" de Chicho Ibáñez Serrador. U obras "menores" como esta "No profanar el sueño de los muertos" de Jorge Grau, con otra protagonista pelirroja (Cristina Galbó) en mitad de la campiña inglesa, para respetar la paleta de color de estas dos cintas con paralelismos en algunos planos y escenas, más que sorprendentes.







"MEN", Garland





La comparación entre algunas escenas de estas películas es increíble, creedme. Aunque no es fácil encontrar los fotogramas que mejor lo ilustran. Mi recomendación es que veáis ambas películas y os dejéis sorprender por tan sigulares propuestas. Al igual que con la ya citada de Martino, "Todos los colores de la oscuridad" cuya escena de acoso en el metro y después en un parque inglés otoñal remite, juegos de luces que se encienden y se apagan incluidos, a como Garland ejecuta el terror machirulo en "Men". Otrosí, lo de que todos fuesen Rory Kinnear puede recordar a cierta movida de (otra vez) Charlie Kaufmann y un tal John Malkovich. O "El hombre de mimbre": un policía (vamos, de los men de toda la vida) llega a un pueblo escocés donde le atosigan mujeres desnudas. Aquí es al revés, algo que tiene más sentido social real por lo del patriarcado y todo eso. Además, en "Men" Garland no se queda en árboles del jardín del Edén en el campo de la semiótica, sino que vas más hardcore solo para iniciados en el esoterismo más Iker Jiménez o Jiménez del Oso, poniendo todo un bafomet templario en la capilla. Bafomet, caras, Jano, puertas... Esto lo dejamos para la revista Año Cero, otro ejemplo de elevated horror pre-"Hereditary" en la cultura popular española.

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